¿Cuál es la voz del artista en el espacio de expresión?
En el espacio y el tiempo, ser artista hoy se parece a una peregrinación.
Un pasaje hecho de tensiones, de intentos, de fragmentos — como escaramuzas invisibles para dar sentido a nuestras relaciones, a nuestro lugar entre los seres vivos.
Crear, no es solo producir imágenes.
Buscar un enlace.
Un anclaje.
Una manera de existir con los demás.
Pero la paradoja está ahí.
Se habla de diversidad, pero se clasifica.
Se celebra la creación, pero se jerarquizan los recorridos.
El joven creador a menudo queda encasillado en una casilla: “amateur”.
El artista venido de otro lugar se convierte en: “animador sociocultural”.
Como si el potencial debiera ser filtrado.
Como si la legitimidad dependiera de un contexto, de una etiqueta, de un sistema.
Aunque, fundamentalmente, el poder de crear es compartido.
En una sociedad construida sobre la producción y la competencia,
el artista se encuentra ante una elección silenciosa:
Conformarse,
o comprometerse.
¿En qué comprometerse?
En el vínculo.
En la memoria.
En esta historia invisible de resiliencia que cada uno lleva.
Quizá el lugar real del artista no sea aquel que se le atribuye,
sino aquel que él teje.
Un lugar inestable, cambiante, a veces incómodo —
pero profundamente vivo.
¿Y si crear, hoy en día, fuera negarse a la incompatibilidad y seguir, a pesar de todo, conectando? @Caliban RAMIREZ
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Guau. No sabía que necesitaba leer esto hoy. Gracias por compartirlo. Yo también comparto tu sentimiento.