Descripción
¡Entrando! ¡Una Oración!
En mis RabiscARTES digitales, a menudo busco el punto donde lo finito se encuentra con lo infinito. Esta pieza es una declaración de que la posición más poderosa que puede tomar un ser humano es arrodillarse. Observa el contraste: la figura es oscura y pesada, representando el peso de nuestras cargas terrenales y las situaciones 'oscuras' que a menudo llevamos. Pero al inclinar la cabeza, el cielo responde. He utilizado un mosaico de pasteles brillantes y tonos vívidos para mostrar que la oración no es una calle de una sola dirección; es el momento en que el Creador de este vasto universo en expansión se inclina para escuchar. Para quien ora, el universo no es un vacío, sino un tapiz vibrante de vida y luz.
Cuando doblamos nuestras rodillas, no nos estamos haciendo pequeños; nos estamos posicionando para recibir todo el espectro de lo Eterno. Las formas giratorias y los 'garabatos' sobre la figura representan la sabiduría divina y la gracia que fluyen hacia nosotros cuando silenciamos el ruido del mundo. No importa cuán sombrío pueda parecer tu mundo interno, el acto de la fe abre un 'puente' —parecido al Puente de Cristo— hacia una realidad donde los colores nunca se desvanecen. En esta postura de oración, el alma finalmente está 'dentro' del Creador, y es allí donde descubrimos que el Creador nos conoce por nuestro nombre.
Mirar esta obra es darse cuenta de que el mosaico del universo no está solo 'ahí afuera'—es una conversación que comienza en el interior. Mi esperanza es que cuando la gente vea esto, no solo vea a una persona orando; vea los asombrosos colores de la vida que solo se vuelven visibles cuando bajamos la mirada con fe. Como digo en mi misión, 'ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos', y eso incluye nuestra relación con Aquel que diseñó los colores mismos.