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v4.4.25
Vidrio coloreado+resina sobre lienzo 100 x 100 cm - 2024 En la silenciosa danza de los días que pasan, surge la excusa que nos consuela y paraliza: "No tengo tiempo." Es el mantra moderno, la armadura de la inercia, el refugio de quienes posponen la vida. En el centro, el reloj de arena - el implacable símbolo del paso - no corre, se devora. Cada grano de arena es una elección no tomada, una palabra no dicha, un paso nunca dado. Pero el tiempo, pobrecito, es inocente. No es el tiempo quien nos retiene. Es la serpiente, susurrando veneno en nuestras mentes: "oh, no tengo tiempo", "oh, no puedo, ya tengo las cosas en fila", "oh, no puedo hacerlo hoy". Hay, pero son verdes... Al cabo de poco tiempo, el tiempo habrá pasado y no habrás hecho nada con tu vida. Vidas huecas, de ningún interés. Aprisionadas, están resumidas por el “tiempo” que han pasado aquí. Esa serpiente que vive en muchos de nosotros, envuelta en justificaciones, se desliza por nuestros pensamientos sin que jamás calle. No grita, pero convence. Y así posponemos lo esencial. La pintura es abstracta, pero el sentimiento es claro: No somos engullidos por el tiempo, sino por la cómoda mentira de que no lo tenemos. Si miras de cerca, tal vez puedas ver que el tiempo está aquí. Siempre ha estado. Esperando que lo usemos.
Mi pintura puede resumirse en dos palabras: color y movimiento