Descripción
Vidrio teñido + resina sobre lienzo
100 x 100 cm - 2024
Una obra llena de color, en la que la mirada del espectador es absorbida de inmediato hacia el centro, donde un ojo se descompone en formas y matices, como si fuera deshecho por el propio acto de ver.
Los bordes del ojo se fragmentan en espirales y rendijas, distorsionando su unidad. Líneas desorganizadas se superponen, como si la visión se estuviera reconfigurando ante nuestros ojos. En el corazón de este caos cromático, una figura destaca: un cuervo oscuro y sólido, intacto frente a la explosión de colores que lo rodea. Descansa ahí, inmóvil, como si fuera la única verdad dentro de esta distorsión sensorial.
La dualidad es evidente: el ojo representa la percepción destrozada, mientras que el cuervo parece ser la única entidad estable. Pero ¿es el observador o lo observado? La pintura palpita con esta ambigüedad, invitando al espectador a sumergirse en su propia interpretación.