Descripción
Un Anhinga macho se posa inmóvil entre las hojas de sauce, su silueta oscura anclada a una rama delgada, mientras un cielo de durazno y ámbar se despliega tras él. La luz cálida traza las puntas plateadas de sus alas, mientras su mirada de costado permanece alerta y sin prisa.
Un momento suspendido entre la noche y el día — follaje, luz y pluma dispuestos en un sutil contrapunto. No se requiere ninguna razón.
Gracias por ver, 🧡
Una obra serena y contemplativa que eleva discretamente una sala de estar, estudio o recibidor. Gracias por ver, 🧡
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