Descripción
Mis ojos son el espejo de la degradación, mis labios son una herida que nunca sana.
Cada sombra dentro de mí es veneno, cada pensamiento es una fractura, cada estremecimiento del alma es un golpe hacia el vacío.
No hay consuelo, no hay salvación — solo un silencio interminable que devora mi grito y lo devuelve como el eco de mi propia caída.
Soy un funeral viviente, una herida ambulante, una canción sin melodía.
Dentro de mí, no hay luz, solo una llama que no calienta, sino que quema.
Y mientras la multitud mira con ojos obedientes, permanezco solo — crucificado, humillado, y sin cesar aullando contra su silencio.