Descripción
El sol ya había caído por debajo del horizonte, y, aún así, quedaba suficiente luz residual para que la superficie del Lago Michigan albergara una tenue presencia luminosa.
Lo que me atrajo de la escena no fue el color, sino la estructura tonal — las bandas de nubes en capas, la separación entre el agua y la atmósfera, y el suave resplandor todavía suspendido bajo el cielo que se oscurece.
Para mí, el blanco y negro sigue siendo menos una cuestión de nostalgia que de reducción.
Eliminando distracciones hasta que la propia luz se convierta en el sujeto.