Descripción
¿Quién dejó salir a los perros? parece que ocurrió una fuga canina perfectamente organizada y nadie tuvo la presencia de ánimo para detenerla. Todo el conjunto tiene esa energía maniaca y deliciosa de perros que han descubierto la libertad, el impulso y, posiblemente, el aroma del caos en el viento. Se siente como el momento exacto en que la manada se da cuenta de que las reglas son ficticias y los muebles ahora forman parte de la persecución.
Hay un ritmo salvaje, ladrador y de alto voltaje que recorre la composición, como si cada rostro estuviera a punto de ladrar, de planear algo, o de lanzarse hacia algo que absolutamente no deberían tocar. La repetición le da esa deliciosa mentalidad de manada — no un perro, sino todo un comité de malas decisiones en movimiento. ¿Quién dejó salir a los perros? no solo formula una pregunta; se oye a pleno volumen mientras atraviesa la habitación con patas embarradas y cero remordimiento.
Lo que hace que la pieza sea tan entretenida es que equilibra la completa absurdidad con una extraña especie de orden, como si el universo hubiera perdido el control por un momento y luego hubiera decidido hacerlo simétrico. Es ruidosa, divertida, indisciplinada y gloriosamente ajena a cualquier restricción. El resultado es una fiesta visual de ladridos que se siente como una mezcla igual de fiesta, broma y emergencia menor — lo cual, francamente, es la energía canina ideal.