Descripción
Este cuadro respira silencio. Eso es exactamente lo que se siente cuando se piensa en Berry. Sin bullicio, sino un paisaje tranquilo.
El antiguo molino de agua no está pintado literalmente, sino reducido a su esencia. Eso es mucho más difícil que dibujarlo todo con exactitud. El cálido ocre contrasta con el azul frío del cielo y del agua; queda precioso. Y esos techos rojos dan exactamente el acento suficiente sin volverse estridentes.
El reflejo en el agua es quizá la parte más hermosa de la pintura. No es fotográfico, pero lo bastante suelto como para que el agua parezca viva. Los árboles casi se han convertido en símbolos. Hacen pensar un poco en carteles franceses modernos o incluso en algunas obras de Léger. Por ello, el conjunto adquiere un carácter atemporal.