Descripción
Autorretrato como pulpo presenta la identidad como un organismo cambiante —uno que se estira, se enrosca y se adapta bajo presión, tanto íntima como invisible. El abrazo de los tentáculos oscila entre protección y restricción, revelando un yo que nunca es único sino que siempre está en negociación. El campo blanco, interrumpido por signos geométricos de orden, intensifica la tensión entre lo orgánico y lo construido. Lo que surge no es un retrato de quiénes somos, sino de las fuerzas que dan forma a quién llegamos a ser.