Descripción
Creé esta obra en 1999, cuando tenía veintitrés años. Casi tres décadas después, me encuentro volviendo a ella con nuevos ojos, descubriendo ideas que ya estaban presentes mucho antes de poder expresarlas conscientemente.
En su centro está el Nudo Sin Fin (Shrivatsa), uno de los Ocho Símbolos Auspiciosos del Budismo. Sin principio ni fin, representa la interdependencia de todas las cosas: el tejido continuo de sabiduría y compasión, causa y efecto, lo espiritual y lo material.
Descansando sobre este símbolo atemporal hay una figura femenina solitaria.
Ella no resiste el movimiento que hay bajo ella.
Ella simplemente existe dentro de él.
Hoy, la entiendo como la encarnación de la simplicidad, la rendición y la confianza: la aceptación silenciosa de que la vida no se desvela en líneas rectas, sino a través de ciclos, conexiones y transformación continua.
Esta pintura marca un capítulo temprano en mi trayectoria artística. Al mirar hacia atrás, reconozco temas que más tarde se convertirían en centrales para mi obra: simbolismo, paisajes interiores y los hilos invisibles que conectan la experiencia humana con algo mayor que nosotros.
Quizás no siempre elegimos nuestros símbolos.
A veces, ellos nos eligen mucho antes de entender por qué.
🥃 Palbeu
💫 Inspiración: el Nudo Sin Fin Budista (Shrivatsa)
📆 Mayo de 1999