Descripción
Un día, después de la lluvia, vagué por el patio trasero de un antiguo palacio en Corea. El aire estaba fresco y el cielo nublado, bañando todo con una luz suave. Fue entonces cuando noté una fila de delicadas flores blancas —que florecían en silencio, frescas y luminosas frente al fondo apagado—. Al principio no sabía su nombre, pero más tarde supe que eran malvas reales. Si hubiera sido un día cálido y soleado, la escena podría haber parecido completamente diferente. Sin embargo, de alguna manera, bajo ese suave cielo gris, las malvas reales parecían aún más blancas, aún más vivas —como si hubieran sido lavadas por la lluvia y iluminadas desde dentro. Me pregunté qué tenía ese instante que hacía que su belleza fuera tan llamativa. Quizá era el contraste, o quizá era simplemente la gracia revelada en una luz tranquila.