La Pincoya
La Pincoya es una figura mitológica equivalente a la nereida o ninfa de los mares europeos, y en otro sentido, a Diana, la diosa romana de la fertilidad, así como a Ceres y a la diosa egipcia Isis, que representan el poder generador y fecundador de la Naturaleza.
El mito chileno cuenta que cuando Huenchula regresa a casa de sus padres, lugar donde había dejado a su tierna hija durmiendo en un lapito, la encontró transformada en agua cristalina debido a la curiosidad de los ancianos. Desesperada, tomó el lapito y corrió hacia el mar para vaciarlo suavemente en las aguas. Luego, al adentrarse en el mar, se perdió en las profundidades mientras buscaba a su esposo Millalobo. Entre sollozos y llanto, le contó lo ocurrido. En cuanto terminó la última frase, vio una
delicada embarcación como un lapito acercándose. En ella estaba su hija desaparecida, pero ahora
convertida en una hermosa joven con largos cabellos dorados, de encanto y dulzura inigualables a quien llamó Pincoya. Con ella, toda la familia decidió vivir en el fondo del mar.
Desde entonces, Millalobo ha ofrecido generosamente a los habitantes de Chiloé las
siembras en los mares y playas a través de las maravillosas y fértiles manos de su hija predilecta. La Pincoya sale de las profundidades del mar vestida con un traje de algas para bailar en las playas. Cuando realiza su delicado baile mirando hacia el mar, significa que habrá abundancia de peces y mariscos en esas playas y mares; por otro lado, si lo hace con su rostro girado hacia la tierra, indica a los habitantes que en la próxima temporada estos productos serán escasos. Sin embargo,
cuando la escasez en ciertas regiones se prolonga mucho tiempo por la ausencia de La Pincoya, es posible hacer que vuelva mediante una ceremonia especial.
Además, cuando los chilotes naufragan, siempre encuentran a la tierna
Pincoya que acude en su ayuda junto a ellos. Si por razones superiores no logra salvarlos, transporta con ternura los cuerpos de los chilotes fallecidos hasta el Caleuche, ayudada por sus hermanos La Sirena y Pincoy, donde revivirán como tripulantes del barco fantasma y hacia una nueva existencia de felicidad eterna. Seguramente, por esta razón, los chilotes nunca temen el mar tempestuoso, aunque la mayoría no sepa nadar.
El espíritu de la Pincoya, siempre vigilante, les brinda plena confianza durante sus peligrosas tareas en el océano.

