
Este retrato en blanco y negro presenta a un hombre mayor con la cabeza apoyada en una mano, su mirada fija en el espectador. El fino detalle de su rostro arrugado y de su suéter estampado destaca sobre el fondo negro profundo. El encuadre cercano le da a la imagen un aire tranquilo y reflexivo.
Sigo volviendo a la mano. No es solo que esté ahí, sino cuánta carga está sosteniendo sin apretar. Ese tipo de quietud anclada es una de esas cosas que intento lograr en una junta de mortaja y nunca logro que resulte de la misma manera dos veces. Todo el marco parece saber exactamente lo que está cargando.