Descripción
No puedo evitar volver a mis propios recuerdos. Pienso en correr por un lugar abierto como este cuando todo era nuevo y los días eran lo suficientemente largos para albergar todas las posibilidades. Ahora, el silencio, la hierba silvestre y los colores apagados hacen que esos momentos se sientan tanto distantes como si fuera ayer. Y, aun así, se siente como uno de esos lugares donde, como dice la Escritura, “Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía.” Dios puede permitir que incluso un terreno común lleve el peso de lo que se ha vivido, amado y aprendido. Lo que alguna vez estuvo lleno de movimiento aún está aquí, contenido en ese tipo de recuerdo que nos ralentiza y abre espacio para la gratitud.